Back to home
Contemporary healthy magazine

Llevo años experimentando estas situaciones y comentándolas con mis amigos, pero hasta ahora no había pensado en compartirlas por escrito. Trabajar con la comida a nivel comunicativo me hace estar siempre atenta a lo que sucede cuando hay comida por medio. Al principio de mi proyecto, pensé que esta práctica iba a ser limitada, pero con el paso del tiempo, veo que es justamente lo contrario; es más, me surgen nuevos y nuevos temas que plantear. ¡Benditas sobremesas!

Pues bien, en el día de hoy pretendo hablaros de algo que me sucede constantemente y si eres mujer sabrás de lo que hablo. Si eres hombre y nunca te habías fijado, seguramente lo hagas a partir de ahora.

La pregunta que lanzo al mundo es: ¿Hay sexismo en la comida?

Os pongo en situación: Quedo con un amigo heterosexual para desayunar en un bar. Después de ojear la típica carta de panadería española, decido pedirme un café con leche y un Donuts (sí, a veces me dejo llevar por las pasiones del dulce). Mi amigo se pide un té verde y un bocadillo vegetal.

La camarera se echa a reír y nos dice: –¡Anda! Os habéis cambiado los papeles!– en ese momento no entiendo muy bien la broma y me dedico a sonreír.

Cuando vuelve la amable camarera con la bandeja y nuestro desayuno, sigue con una inmensa sonrisa en la cara y con ganas de más. Mientras nos sirve, sigue con su jolgorioso discurso y me dice: –¿Te das cuenta que comes como un hombre y tú, (a mi amigo) como una mujer? No, si me parece perfecto! Las mujeres tenemos que darnos algún caprichito de vez en cuando y vosotros, poneros a raya ¿no?

Mientras sus palabras se clavan una a una en la boca de mi estómago, haciéndole hervir de pura furia, lo entiendo todo de repente. Cuento con una expresividad de alta traición y supongo que en ese momento, mi cara es un poema. Un poema de los grandes. Mi amigo me mira fijamente a los ojos implorando mi silencio. Suelo ser una persona contestona y verbalmente rápida pero su flamante discurso me deja bloqueada y sin palabras.

No es difícil de imaginar que en el momento de pagar, la fiestecita humorística, que ya se ha extendido entre las tres trabajadoras, tiene un nuevo capítulo de investigación y curiosa expectativa. Paga mi amigo y eso no sé muy bien si significa una victoria, o una gran derrota para su historia del día. Hace su último chascarrillo en relación a algo así como: caballero/pagar/no seas tonta, pero en ese momento intento enfocar toda mi atención a la sección healthy del mostrador, que cuenta con croissants de chocolate sin gluten (¡¡bien de #healthy!!), para intentar no arder por dentro. Nos vamos. Ya tengo fatiga mental para pasar el día.

Lo peor de todo es que no es la primera vez que oigo esa frase retumbar en mi cabeza ‘comes como un hombre/bebes como un chico’.

Y mi pregunta es: ¿qué significa comer como un hombre? ¿y cómo una mujer?

En los últimos años nos han bombardeado con videos donde se pone en entre dicho frases como ‘Pegas como una niña / lloras como una mujer’, por su evidente descalificación hacia el género femenino pero, ¿existe realmente el sexismo alrededor de una mesa?. Pues obviamente que sí.
Podríamos hablar de protocolos y de ‘comer como señoritas’, pero hoy me gustaría hablar más concretamente de lo que está bien visto comer por hombres y por mujeres respectivamente.

Otra de las reiteradas anécdotas de ‘sexismo en la mesa’ se da cuando vas a tomar algo con alguien (siendo tú mujer y él, hombre) y pedís por ejemplo, una cerveza y otra bebida sin alcohol. La cerveza siempre se la servirán al hombre y nunca al revés. Comprobadlo.

Lo suave siempre se ha relacionado con la mujer, lo dulce, lo poco fuerte y lo sofisticado. Estuve trabajando durante una temporada en un cocktail bar y recuerdo perfectamente una noche donde una pareja heterosexual dudaba sobre qué pedir. Al final, el hombre animó a su mujer que se pidiera el cocktail ‘X’ porque era un cocktail ‘muy de chica’. Muy aventurera yo, le pregunté qué quería decir con ‘cocktail de chica’ a lo que me respondió con un buen capote: ‘un cocktail suave, afrutado, poco alcohólico…’ -mi imaginación empezó a diseñar ese cocktail de mujer siguiendo sus explicaciones y os puedo decir que acabó siendo algo muy parecido a un banana split-. Esa noche dudé de muchas cosas y entre ellas, si mi pasión por lo amargo me hacía ser menos mujer.

En la comida pasa lo mismo. A pesar de ser algo positivo para nuestra imagen, supongo, los platos presuntamente saludables siempre se relacionan con el sexo femenino, poniendo en duda, en ocasiones, la virilidad de los hombres por seguir una dieta sana. Otras de las cientos de patéticas anécdotas de ‘Cómo se alimenta un hombre de verdad’ es ir con tu pareja, que en mi caso era hombre, que éste se pidiese algo saludable y que el camarero suelte un jocoso chiste aludiendo a mi posible control sobre su dieta –qué, la mujer te tiene a raya ¿no?.

¿Y qué decimos del picante? ¡Otra cosa de hombres! Ser mujer, pedir picante y que te avisen reiteradamente de lo picante que es o, por el contrario, evidenciar que tú, mujer, pides picante y el ‘blando’ de tu pareja no.

Tras estas aventuras cotidianas, me sigo preguntando cuál es la regla que rige el sexo de la comida. Pensándolo brevemente he llegado a esta conclusión:

Cuanta más grasa contenga y más calórico sea el producto, más masculino es.
Cuanto más suave, ligero y fresco sea, más femenino.
Cuanto más alcohólico, más masculino.
Cuánto menos aliñado, más femenino.
Cuánta más cantidad, más masculino.
Cuanta más carne, más masculino.
Cuanto más vegetariano/vegano sea, más femenino.
Cuánto más picante, más masculino.
Cuánto más exótico, más femenino.

…y un sinfín de ejemplos más.

Stay updated,
sign up to our newsletter
Food to meet you.
Los lugares, productos y actividades más saludables
y originales seleccionados para ti.

Descubre toda nuestra selección...

News to feed you.
Únete a lo saludable.
Close
Buscamos piezas únicas para ti.
Suscríbete y serás el primero en descubrirlas.
Close