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Contemporary healthy magazine
‘…Y humedecí un puñado de trigo, para que el Ángel del Agua entrara en él. El Ángel del Aire también lo abrazó, y el Ángel del Sol, y el poder de los tres Ángeles despertó también al Ángel de la Vida en el trigo, y en cada grano nació el retoño y la raíz.
…Luego puse el trigo despertado en el suelo con el Ángel de la Tierra, y el poder de la Madre Terrenal y de sus ángeles entró en el trigo, y cuando el Sol hubo descendido cuatro veces los granos se convirtieron en hierba. Ciertamente os digo, no hay milagro mayor que éste.
…Pues en verdad os digo, no es tan solo en forma de pan como nos alimenta el trigo. Podemos también comer las hojas tiernas de su hierba, para que el vigor de la Madre Terrenal entre en nosotros. Mas masticad bien la hierba, pues el Hijo del Hombre tiene dientes diferentes de las bestias, y solamente cuando masticamos bien las hojas de la hierba puede el Ángel del Agua entrar en nuestra sangre y darnos fortaleza. Comed, entonces, Hijos de la Luz, de ésta, la más perfecta hierba de la mesa de nuestra Madre Terrenal, para que vuestros días sean muchos en la tierra…’
Palabras de Jesús a sus discípulos extraídas del Evangelio apócrifo de los Esenios.
¡Madre mía!! ¿Quién se iba a imaginar que en tan humilde y desconocida hierba se encontrara tan impresionante secreto de salud?
Afortunadamente, hoy en día, cada vez hay más profesionales de la salud y clínicas de prestigio en todo el mundo que hacen uso de las propiedades de la hierba de trigo para curar a cientos de miles de personas con resultados sorprendentes. Incluso en restaurantes y locales de comida saludable es cada vez más habitual, hasta el punto de rozar la moda, el ofrecer chupitos de esta apreciada clorofila, y el consumo doméstico también es cada vez mayor.
Una de las mayores difusoras de la hierba de trigo en el siglo XX fue Ann Wigmore, creadora del Instituto de salud Hipócrates. Ann se curó a sí misma de dos grandes enfermedades gracias al zumo de la hierba de trigo y ayudó a miles de personas con problemas de todo tipo: obesidad, presión alta, diabetes, úlceras, gastritis, eccemas, estreñimiento, colitis, hemorroides, anemia, fatiga crónica, problemas de encías…
¿Y qué contiene la hierba de trigo para que sea tan beneficiosa para nuestra salud? Pues según Ann Wigmore, contiene tanto las sustancias que revitalizan y reconstruyen el cuerpo humano como aquellas que le dan energía y las que le ayudan a eliminar los productos de desecho.
Nosotros, tal y como contamos en nuestro libro Espiritual Chef, los alimentos esenciales del alma, te explicamos a continuación cómo germinar el trigo para hacer tu propia hierba de trigo y poder tomar tus chupitos de zumo, masticar la hierba directamente o usarla de forma tópica… Te animamos a profundizar en las propiedades y usos de esta maravillosa medicina que nos regala la naturaleza.
Lo necesario:
granos de trigo.
un frasco de cristal de boca ancha.
una goma elástica o hilo.
un trozo de rejilla (mosquitero) o tela.
una bandeja o recipiente plano con una profundidad de 3 a 4 cm.
tierra o fibra de coco.
agua pura.
Procedimiento:
Remoja los granos en tres veces de agua de su volumen durante una noche. A la mañana siguiente, escurre y deja reposar en una inclinación de 45º. Repite el proceso tres días o hasta que los granos broten un poquito. En una bandeja, coloca la tierra en una capa de dos centímetros de altura. Reparte los granos brotados, sin que se apilen. Riega con abundante agua, pero sin pasarte. Tapa con otra bandeja para que no les dé la luz. Riega cada día. Al tercer o cuarto día, destápalas y exponlas a la luz. Cuanta más luz, más verdes se pondrán. Entre el séptimo y el décimo día ya se pueden consumir.
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