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Con el invierno nos llega el frío (en nuestro caso frío y humedad).
Los días son claramente más cortos, tenemos menos horas de luz, nos apetece salir menos y estar más en casa. Es momento de remineralizar y nutrir nuestra estructura interna; los huesos, la médula, riñones, vejiga (y aparato reproductor) son los sistemas y órganos directamente implicados.
En la cocina nos apetecen los hervidos o salteados más largos, los estofados y los diversos pucheros, sopas, cremas…

Según la Medicina Tradicional China, los riñones (y con ello designan no sólo al órgano sino a todo el sistema reproductor y endocrino) son la fuente del Jing o esencia vital, que es la base para las dos energías polares que nos gobiernan (yin / yang).

Éste término contiene dos grandes partes: el cielo anterior (o lo que heredamos de nuestros padres) que actualmente llamamos genética y el cielo posterior (respiración y alimentos) que quizás nos cuadraría más bajo el título de estilo de vida.

El invierno, con esta energía que se dirige hacia dentro, al interior, representa la vuelta al origen, el inicio de otro ciclo que florecerá en la primavera. El elemento relacionado con esta estación es el Agua y de ella podemos aprender a fluir aceptando los diversos obstáculos que la vida nos presenta. El agua parece un elemento muy débil, sin consistencia, pero es capaz de romper hasta las rocas más duras, lo débil rompe lo duro. Los sabores que mejor nos van a adaptar a esta estación según la Medicina Tradicional China serán el amargo y el salado porque los dos llevan la energía hasta el interior y así, al calentar el interior del cuerpo y enfriar la parte externa, la sensación de frío disminuye.

Si sentimos frío podemos usar pequeñas cantidades de picante (nabo, hinojo o rizomas como el jengibre) que nos ayudarán a mover la energía creando esta polaridad (pero cuidado, un exceso nos puede enfriar aún más).

En la cocina usaremos el sabor salado, pero de buena calidad (sal marina sin refinar, sal de hierbas, miso, tamari). Tampoco podemos olvidar el sabor dulce. Nos debemos de nutrir pero sin cometer excesos para no generar demasiados residuos metabólicos y acidez, cosa que iría en nuestra contra a la hora de regenerar el sistema óseo.
Las verduras de raíz cobran importancia (zanahoria, chirivía, apionabo) según la medicina china los alimentos de color oscuro (negro, azul, violeta) son los más invernales y así si elegimos legumbres, la mejores serían los azukis, los frijoles negros, las lentejas de Dupuy. No obstante, siempre hay que tener en cuenta a nuestro sistema digestivo y para ello el uso del mijo, la calabaza y alimentos (de temporada) que nutran a nuestro elemento tierra es fundamental.

Bajo esta perspectiva, en nuestra cocina ahora es momento de asegurar un aporte de calor y una cocción que facilite la asimilación, ya que el frío es enemigo de la digestión.
Y en principio, los crudos, ya sea en forma de licuados, batidos, fermentados deberían moderarse mucho o incluso eliminarse dependiendo de nuestro estado interior.

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