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Mûre, o mora en español, es uno de esos restaurantes-cafés encantadores, acogedores y llenos de magia que se suelen encontrar en ciudades como París. En Mûre, una vez entras descubres que el poco espacio ha sido perfectamente utilizado aprovechando cada rincón para hacerlo especial, diferente.

Arnaud Dalibot, su propietario, tuvo la maravillosa idea de concebir Mûre hace poco más de tres años, en sus ideales y siguiendo su filosofía de vida, crear para compartir. Con 3 personas en una pequeña cocina y 4 personas más para el servicio, este lugar funciona rítmicamente en un timing preciso. Desde las 8 de la mañana se puede tomar el ‘petit-dej’ o desayuno al estilo más francés, con una taza de té quizás de lavanda y limón, o porque no un Chai Latte con canela. Para los días más calientes del año las bebidas se refrescan con opciones como zumos de manzana, col kale y ananás o el apetecible Kombucha, bebida fermentada a base de té. Para completar el desayuno no habrá que olvidarse de las más que famosas magdalenas sin gluten a base de almendras y harina de sarraceno o el Porridge de la casa con hojuelas de avena, uvas pasas, semillas de calabaza y lino, plátano y miel. Mientras se toma el delicado desayuno se puede trabajar, leer o escribir pues la atmósfera del lugar, alejado de la rapidez parisina incita a tener un momento pacífico y reposado. A las 12h termina el desayuno y empieza lo realmente anhelado, la hora de la comida. Unos cuantos comensales esperan que el servicio se abra ojeando las opciones del día escritas en los muros de la cantina.

Mûre
6 rue Saint Marc
75002 París

Pasan dos minutos y Mûre empieza a cobrar vida de una diferente manera. Los clientes son comensales fieles que llegan a tiempo ocupando los primeros lugares. Toman sus bandejas y mientras van dando la vuelta a la isla del centro escogen su menú, ya sea de entrada y plato o plato y postre a 10,50€, o entrada, plato y postre por 13,50€. Los nuevos aventureros llegan un poco desubicados pero al instante y de forma espontánea uno de los empleados les explica con gracia cómo funciona la Flexi-cantina. Se empieza por una sopa, normalmente son dos pero en este inicio de verano una fría y fresca es más que suficiente. Tomate, sandia, pepino, albahaca y eneldo, un gazpacho fresco al estilo Mûre. Se sigue el camino, 4 opciones coloridas y refrescantes de ensaladas en este lunes; tabulé de espelta con calabaza, lentejas frescas con zanahoria rallada y uvas pasas, tagliatelles con tomates y frutos secos y por último la viva ensalada de crudités con repollo morado, zanahoria, tomate y vinagreta de albahaca. Una no parecen tantas así que el camarero muy amablemente propone poner varias en el mismo plato. ¿Por qué no? La cara de los clientes parece alegrase con cada paso dado. Sigue el plato del día, normalmente dos opciones, y en ocasiones y para todos los gustos, podemos encontrar preparaciones con pollo o pescado, siempre apetitoso. En este caso nos encontramos con polenta con calabacín, tomates cherry, pimientos amarillos, champiñones y zanahoria, todo regado con salsa de albahaca y decorado finamente con una flor de calabacín. La boca se hace agua y aun no se termina el recorrido. Para los afortunados que cuentan con postre llega la parte divertida. Frascos de vidrio rellenos de yogurt con granola y frutas frescas, Fontainebleau, postre a base de queso fresco o la panna cotta italiana con un toque de cúrcuma. El postre de tapioca a la leche de coco y el açaí con plátano y chocolate son los preferidos por muchos. Para los más gourmandes o glotones siempre queda el cake al limón con semillas de amapola o el muffin especial de avellanas y chocolate. Ya casi y llega el fin, los zumos, tés variados o fermentados y las bebidas naturales completan el combo. Se pasa finalmente a la caja donde por lo general te recibe Arnaud quien termina tu experiencia con una amable sonrisa.

Aquí todos son bienvenidos, todos son amigos, clientes conocidos, del barrio, de las oficinas, de los alrededores, de los locales, de los amigos de los amigos… aquí todos parecen pertenecer a una gran familia. Son solo las 13h y no cabe una persona más en la cantina. La gente espera amablemente su turno, los clientes hablan entre ellos, saludan a los empleados, al propietario, a los cocineros. La atmósfera parece llenarse de alegría y muy buena energía. Arnaud es consciente del éxito de su restaurante. Era esta su idea al seguir su filosofía de vida; crear un espacio de todos para todos. Generar nuevos proyectos hace parte también de sus propósitos personales. Una granja que nutre el restaurante y que funciona de manera totalmente ecológica.

Sus ideales también se reflejan en los platos Mûre, todos realizados con productos de temporada y sin la utilización de pesticidas o productos químicos. Arnaud me habla de sus futuros proyectos como la ‘épicerie’ que tiene en marcha, un lugar donde se podrán obtener las variedades de tés que se encuentran en el restaurante y las especias exóticas y variadas con las que preparan sus platos diarios. Está claro, Mûre es la creación de un viajante explorador que se ha alimentado de cada viaje a nivel cultural como espiritual para crear hoy lo que es su concepto y filosofía de vida; un espacio para todos, un lugar para alimentarse bien, en un ambiente tranquilo y lleno de buena vibra.

Comer en Mûre es vivir una experiencia artesanal, bio y local en una atmósfera que transporta a un lugar lleno de buenas intenciones. Así lo viven sus más fieles clientes que se pasan diariamente por la cantina con la viva curiosidad de saber que les depara el menú del día. Se venga con tiempo o con prisa, se busquen platos vegetarianos o flexiterianos, siempre se podrá escoger entre la gran variedad de platos coloridos y ecológicos. Las opciones nunca sobran en esta cantina que empieza a ser la preferida de muchos. Ultima pregunta para Arnaud ¿estarías dispuesto a abrir un segundo Mûre? ¿en Barcelona quizás? su respuesta me parece el cierre perfecto. NO, quiero crecer de una manera más espiritual, hacer de la granja el proyecto de alimentación que busco, donde si tienes para comer de una u otra manera tienes para vivir. No busco la riqueza ni el reconocimiento, busco conocer, aprender, busco vivir y compartir.

Miro a mi alrededor mientras doy mi último sorbo de té. El ritmo de la cantina sigue igual de coordinado que una hora antes, los cocineros han hecho su impecable trabajo, los camareros terminan sus eficaces funciones y los cliente se sienten absolutamente satisfechos. Por mi parte recojo mi menú para llevar, dos magdalenas de postre y entonces entiendo que también yo he tenido una experiencia Mûre. Para todos los visitantes de la ciudad luz, más que recomendado.

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