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Contemporary healthy magazine

Hasta el 9 de Abril tenemos la oportunidad de visitar en el MACBA, la exposición MADEINUSA de Antoni Miralda. Animo a todo el que esté leyendo estas líneas, a tomar tiempo en su agenda para acercarse a verla. 

Si tuviera que definir la sensación que tuve a lo largo de la exposición, podría ser algo así como un feeling constante de Joie de vivre. Desde el principio hasta el final, se percibe un amor por la comida y una energía, que pocas veces he experimentado en un museo (y debo decir que he visitado muchas y variadas exposiciones a lo largo de mis cortos 30 años).

Hablar de una forma tan amena de algo tan importante, vital y contemporáneo como es la comida, no es un trabajo nada fácil y Miralda no sólo lo consigue, si no que lo hace de la manera más fresca que te puedas imaginar. Es un recorrido de color, de positivismo, de respeto por la comida y la cultura del comer. Creo que sus raíces mediterráneas se combinan perfectamente con la cultura americana y el resultado es pura fantasía. El humor reina en cada una de las salas pero de una manera inteligente, fundamentado y con un regusto crítico muy fino, diría yo. Miralda nos enseña cómo hablar críticamente sin caer en el dramatismo. 

 

Bienvenidos al Ritual del comer.

La exposición se inicia en un momento en que la ciudad de Barcelona no para de hablar de comida ya sea en blogs, en revistas, en eventos, en libros… y personalmente creo es una buena oportunidad de ‘presentarla en sociedad’ de otra forma que no sea dentro de un foodtruck. 

Miralda cogió la comida y la hizo el centro de su práctica artística rompiendo la idea de que la comida sólo se sirve en la mesa. Sus obras, en general, denotan una sensación de libertad, de gamberrismo y diversión seguramente influida por la situación que se vivía por aquellos entonces en NYC, que mucho dista de la que tenemos hoy en día aquí, allí y en todas partes. Treinta y hasta casi cuarenta años han pasado ya desde aquellos primeros proyectos y ver su obra me hace reflexionar sobre los pasos que hemos retrocedido en cuanto a libertad. Veo happenings donde se repartía pan coloreado por el artista y me imagino lo difícil que sería realizar una acción parecida hoy en día (sanidad, ayuntamientos, el gluten…).

El recorrido de la exposición empieza por donde yo hubiese puesto el final, si alguien me hubiesen preguntado. Lejos de parecerme un error, me parece una ideaca; el hecho de tener que atravesar el pasillo que ladea la gran rampa del Macba, crea una especie de expectación que me recuerda a los anuncios previos a una película en el cine. Digamos que el pasillo es León de la Metro Golden Mayer y la exposición, la magia que nos espera.

Antes de entrar a la primera sala, nos encontramos a mano derecha, una obra que se llama Food situation for a patriotic Banquet, NYC (1972-1973). La obra consta de una mesa donde se encuentran ocho bandejas de arroz coloreado representando las banderas de las naciones más poderosas del momento, acompañadas de los himnos en forma de menú. La progresiva descomposición del arroz, un producto tan universal, enfatiza la desaparición de los colores nacionales y con ella, la identidad y el fin de la lógica colonial. Empezar con la descomposición de un banquete, es un buen comienzo y me hace pensar además, en las 7,7 toneladas de alimentos que desperdiciamos en este país cada año… pero de eso no hablaba Miralda en este caso, así que quizás lo dejaremos para otro momento.

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La primera sala consta de tres proyecciones, 3 pantallas con vídeos y una vitrina con diferentes bocetos, recortes y objetos que no voy a llegar a detallar. De esta sala quizás me gustaría resaltar uno de los vídeos que se puede ver en una de las tres pantallas colgadas de la pared. El vídeo que lleva por título Eat Art with Miralda y trata de la producción de uno de los proyectos que el artista hizo en colaboración con un grupo de panaderos/reposteros en Estados Unidos. En el momento en que me puse los cascos se oía a Miralda explicar la dificultad que tenía para trabajar con chefs y gente dentro del mundo de la gastronomía y hacerles partícipes de su proyecto. Sus palabras y las reacciones que en el video se veían, se me hacían tan cotidianas a mi día a día que me pareció un déjàvu. La problemática de trabajar con comida a un nivel distinto al gastronómico, sigue creando polémica.  Es quizás esa misma dificultad la que hace que la evolución de los proyectos de colaboración de ese tipo, sean mucho más ricos y complejos, cuando se consigue llevarlos hacia delante. Ese proyecto se llevaba a cabo en los 80 y esas problemáticas siguen en pie; eso me confirma una vez más lo precoz de las ideas de Miralda. Por otro lado, debo resaltar que las nuevas generaciones están cambiando y creando sinergias que antes difícilmente podían darse. Pienso en jóvenes chefs como Laura Veraguas o proyectos como Anthophila de Ainara Murillo y Nerea Hoyos que me hacen ver, confiar y saber que las cosas están cambiando a un ritmo aceleradísimo.

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La segunda sala es quizás la más espectacular al encontrarse Breadline una impresionante línea de panes de colores en forma de muro que divide la sala en dos espacios. En los extremos del largo muro, encontramos una montaña de sal y azúcar con los neones de colores con, precisamente, las palabras salt y sugar. Me encanta esta obra y me encanta poder hablar de esta obra en este momento donde el pan se ha convertido de repente, en un alimento muy mal visto. El 2016 podría llamarse el año celíaco y encontrarme esta obra en medio del Macba me ha hecho ver la luz al final del túnel. Breadline simboliza la cola que la gente hacía para comprar comida cuando no había nada de comer, durante la Gran Depresión. – La línea, el hambre que contrasta con la opulencia de la montaña de panes – comenta el artista. 

El pan era el alimento que salvó del hambre a esas generaciones en momentos de conflicto, de guerra y postguerra y por ello ha sido y será siempre un alimento que merezca todo mi respeto.. La patata y el pan simbolizan para mi los alimentos de la guerra, nuestros grandes aliados y forman parte de nuestra mesa y nuestra historia. La obra, como ya adelantaba antes, habla de algo tan duro como es la escasez en tiempos conflictivos pero de ninguna de las maneras lo hace de una forma demagoga o agresiva.

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Seguidamente nos encontramos al Triunicornio y una obra maravillosa colgada de la pared que rodea a la escultura, que consta de tres utensilios muy ligados al comer: el tenedor, el cuchillo y una hoz . Quizás pase desapercibida al estar cerca de semejante escultura de fibra de vidrio pero para mi, un homenaje a los cubiertos que junto con la hoz…me hacen pensar en la revolución de la comida que hubo, que hay y que va a haber siempre: la comida como arma.

Tras el súper Triunicornio se encuentra la sala más evidentemente crítica. Aparentemente parece una sala inofensiva y de nuevo colorida, con un audio que parece al principio un cántico del lejano oeste. Te imaginas a un hombre en la puerta de un bar, con un banjo y una espiga en la boca pero luego, prestando más atención, te das cuenta de que realmente lo que se oye es a un hombre cantando precios en una subasta (posiblemente de carne o de grano…no me quedó muy claro). En la proyección sobre la pared recubierta de pan, aparecen unos datos que nos ayudan a recordar el momento en que empezamos a cambiar nuestra alimentación y hacer una ingesta desmesurada de carne animal. Aparecen datos que nos compara la cantidad de nutrientes que tienen los cereales comparados con los que tiene la carne y nos invita a reflexionar sobre ello. Cultivamos en masa cereales que contienen X nutrientes con el simple propósito de alimentar de nuevo en masa, a la ganadería para proveernos de carne a un nivel bastante discutible. No voy a excederme en este tema pero os invito a todos aquellos que estéis interesados en él, que echéis un vistazo al libro The taste of war de Lizzie Collingham, un libro lleno de datos y de documentación acerca de la comida durante los conflictos y de la comida usada como arma en la historia de la humanidad. Imprescindible.

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En la tercera sala tenemos Honey Moon, quizás el proyecto más conocido de Miralda y quizás el que le llevó a ser más reconocido. Aquí podemos ver todo el proceso de la popular boda simbólica que el artista organizó entre la neoyorquina estatua de la libertad y la de Colón de Barcelona. Uno simboliza la conquista y la ta otra la libertad. Eran la pareja perfecta– comenta el artista. La pedida de matrimonio, el vestido, la comida del banquete, los regalos de los novios…hasta 40 acciones durante 6 años para evolucionar el proyecto.

Para terminar y en la última sala entramos en una especie de Caribe surrealista en una sala donde se recrea El Internacional Tapas Bar & Restaurant que el artista abrió junto a Montse Guillén entre 1984 y 1986, en el West Broadway de Manhattan. Candelabros con la cabeza de un torero o mi objeto fetiche que son los servilleteros metálicos de toda la vida. La música hace imposible no sonreír por lo menos y que te eches a reír y a bailar si tienes un poco más de jeta como yo. La iluminación la deja a manos de unas lámparas en forma de concha maravillosas…yo me sentí parte de una escena de la Sirenita en donde Sebastián, el cangrejo, protagoniza un solo muy emotivo que invita a la Sirenita a quedarse bajo el mar y nunca subir a la superficie. Así me sentí yo, con ganas de quedarme allí y no salir más. Los viernes y sábados tienes la oportunidad de hacer una degustación que por el momento no he podido disfrutar, pero volveré, que no os quepa duda.

Salí del museo alegre y feliz, casi haciendo la conga conmigo misma y recordando que la comida fue justo el motivo principal por el que dejé Alemania y volvía aquí, el país de la eterna sobremesa. Entras en una especie de sueño kitsch donde se te plantea que la comida puede hablar de muchas cosas, que comiendo hablamos de muchas cosas y que cocinando se pueden comunicar muchas cosas. Salgo de allí con ganas de tomarme un vermut, porque estamos en Barcelona y es lo que me gusta.

Sólo me queda decir que estaré eternamente agradecida al Macba por traernos una experiencia tal en un momento tan adecuado. Creo que esto sólo acaba de empezar…

 

Texto y Fotografías por Enea Palmeto

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