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Desde tiempos antiguos la humanidad le dio gran importancia a los sueños pero no al hecho de dormir en sí. Uno de los ejemplos escritos más tempranos de la interpretación de los sueños viene de la epopeya babilónica de Gilgamesh, el poema épico más antiguo conocido hasta ahora. Fue escrito en tablillas de arcilla en escritura cuneiforme hacia los años 2500-2000 a.C. La historia cuenta que Gilgamesh soñó que un hacha cayó del cielo. La gente se reunió alrededor de ella con admiración y adoración. Gilgamesh arrojó el hacha delante de su madre y luego abrazó el hacha como si hubiera sido su esposa. Su madre, Ninsun, interpretó el sueño. Dijo que pronto aparecería alguien poderoso. Gilgamesh lucharía con él y trataría de dominarlo, pero no lo lograría. Con el tiempo se convertirían en amigos cercanos y lograrían grandes cosas juntos. Ella agregó: Que lo abrazaste como a una esposa significa que nunca te abandonará, así tu sueño se resuelve. Si bien este ejemplo muestra la tendencia a ver los sueños como una forma de predecir el futuro, la interpretación de Ninsun anticipaba un enfoque contemporáneo. También para Freud, sacerdote moderno de la pseudociencia psicoanalítica, el hacha, fálica y agresiva, simbolizaba un macho agresivo. Actualmente se supone que Gilgamesh fue un rey histórico, probablemente reinó aproximadamente en el siglo 26 a.C. Un detalle interesante es que según los datos arqueológicos Gilgamesh vivió 120 años, y que al parecer era un hombre que dormía bien.

En la antigüedad, la importancia de los sueños como medio de comunicación con los dioses, como indicador divino de los acontecimientos presentes o futuros, o como una guía de acción fue ampliamente aceptada: los sueños y su contenido se asociaron con casi todos los aspectos de la sociedad antigua. En la medicina, también, los sueños desempeñaron un papel. Por un lado, el enfoque religioso de la curación incluía el culto del dios curativo Asclepius. Los pacientes iban a dormir en su santuario, esperando tener un sueño en el que el dios, de alguna manera milagrosa, los curase o por lo menos les diera consejos sobre cómo volver a recuperar la salud. Hipócrates y Galeno recurrieron a los sueños para poder diagnosticar la enfermedad de un paciente, pero como una forma de pronosticar el futuro desarrollo de una enfermedad.

Incluso hoy en día mucha gente le da importancia a la interpretación de los sueños para entender su vida cotidiana o incluso para tomar decisiones personales. Sin embargo no hay ninguna prueba objetiva y contrastada que demuestre que los sueños tengan algún significado específico. Para la comunidad científica del siglo XXI lo más importante del sueño es su capacidad regeneradora que ayuda a vivir mejor. Las pesadillas, por ejemplo, más que con premoniciones demoníacas, se suelen relacionar con la ingesta alimenticia copiosa o densa antes de ir a dormir. Y el olvido de los sueños con el consumo de alcohol y de drogas ya que al parecer afectan el período REM del sueño.

Una certeza inequívoca es que hay tres maneras muy rápidas y simples de arruinar el cuerpo y su salud para acelerar el proceso de envejecimiento. La primera es fumar cigarrillos, la segunda es comer y beber irresponsablemente hasta convertirnos en obesos, y la tercera es no dormir lo suficiente para que el cuerpo se regenere. El sueño es la única cosa más eficaz que el ser humano puede hacer para reajustar su cerebro y la salud del cuerpo.

Aunque la esperanza de vida ha ido aumentando durante el siglo pasado gracias a los avances de la medicina y la tecnología, este progreso podría retroceder a causa del ya tan común insomnio colectivo provocado por el estrés. Muchas personas todavía ven el sueño como algo que pueden saltarse ocasionalmente (o incluso regularmente), pero los hechos biológicos son claros: no es ni seguro ni sabio tomar el sueño a la ligera. Las alteraciones del sueño pueden crear cambios negativos en el organismo, y sus etapas afectan a todo el cuerpo y el cerebro. Es por eso que la privación del sueño está fuertemente ligada a la enfermedad y a la muerte prematura.

La idea de que el sueño es un momento de importante actividad biológica, en lugar de un período en que el organismo descansa y se regula, ha transformando la forma en que los médicos piensan acerca de otro factor importante de la longevidad: la salud mental.

Los científicos han descubierto que el sueño es importante para la memoria. Durante el sueño, especialmente los ciclos del sueño profundo REM, el cerebro no sólo revisa los acontecimientos de un día, también trabaja en procesar las emociones asociadas a estos recuerdos. Cuando un recuerdo es archivado durante el sueño, al mismo tiempo está siendo despojado de algunos de los poderosos sentimientos —como el miedo, el dolor, la ira, la alegría— que podrían haber nublado las experiencias en la ansiedad del momento. No sería saludable ni eficiente recordar todos los acontecimientos o experiencias en su contexto fáctico y emocional completo. Pero la separación de los aspectos emocionales de una memoria (la ira sobre una discusión con un colega o un familiar, la frustración con el tipo que nos empujó casualmente en la calle, etc) de sus partes objetivas permiten recordar la experiencia sin revivirla. Dormimos para recordar un sueño que es mejor olvidar. Es la terapia nocturna.

Hasta hace poco los científicos ni siquiera podían ponerse de acuerdo sobre la razón evolutiva por la que los animales necesitan dormir. Pero ahora saben que lo que sucede durante el sueño, particularmente en el cerebro, es fundamental para el bienestar humano, por no mencionar una larga vida. Pasar un tercio del día ajeno al mundo que te rodea y, por extensión, incapaz de protegerte a tí mismo no parece una manera inteligente para una especie de mantenerse con vida. Y sin embargo, todos los animales lo hacen. Los expertos sugieren que la cantidad clave de sueño para la longevidad es de siete horas por noche. Ese es el tiempo que los doctores y las instituciones de salud pública recomiendan para el adulto medio, las personas mayores pueden tener suficiente con un poco menos y los más jóvenes con un poco más.

Así es que ahora a comer algo, temprano, liviano y nutritivo para no interrumpir una de las fases más reparadoras de nuestro organismo. Y, muy importante, felices sueños.

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