Back to home
Contemporary healthy magazine

Mediodía del 15 de noviembre de 1930, Filippo, aún excitado por el sabor de las rosas y la aprehensión de la figura literaria masticable del único plato que le había gustado, y sin embargo contrariado por la falta de valentía del menú -que piensa, aún bebe de la tradición culinaria pasatista y anquilosada-, se postra ante el micrófono, se limpia con la servilleta un poco de sol de los labios para gritar:

‘Os anuncio el próximo lanzamiento de la comida futurista para la renovación total del sistema alimentario italiano, adaptándolo lo antes posible al requerimiento de los nuevos esfuerzos heroicos y dinámicos impuestos por la raza. La cocina futurista será liberada de la vieja obsesión del volumen y del peso y tendrá, por unos de sus principios, la abolición de la pastaciutta’.

(porque el futurismo no habla; grita)

Y es que el menú que Mario Tapparelli ofreció a los futuristas milaneses en un banquete que intentaba ser un elogio a las visiones futuristas sobre la cocina, no había gustado al fundador del movimiento. Marinetti vislumbraba más, mucho más. Y, sobre todo, más rápido.

Los aplausos se sintieron en todo el comedor del restaurante Penna d’Oca de Milán, en el que se dio por iniciado el proceso de cambio completo de la alimentación. Los futuristas, que como arte regenerador total ya habían tocado todos los campos de la creatividad humana, se declararon fundadores de la primera ‘cocina humana; del arte de alimentarse’. Mientras tanto y en paralelo se daba por iniciada, también, la Gran Depresión en la que culminó la exuberancia y la bonanza de los felices años 20.

Desde los inicios del movimiento -febrero de 1909- la influencia de la alimentación en las actividades creativas preocupó a los futuristas y fue centro de sus conversaciones. Pero no sería hasta 1930, y después de generar una polémica de alcance internacional sobre la acción de la pasta en el metabolismo, en la que defensores y detractores hablaron largo y tendido sobre los beneficios y peligros de la misma, cuando se lanza finalmente el Manifiesto de la Cocina Futurista, publicado en la Gazeta del Popolo de Turín, un 28 de diciembre, tras ser anunciado en el restaurante Pluma de Oca unas semanas antes.

Marinetti y su séquito, convencidos de que en la guerra mundial que se avecinaba vencería el pueblo más ágil -recordemos que este movimiento total ultranacionalista aclamaba la velocidad y la violencia como formas de progreso, gritaban en pos de la energía, el belicismo, el irracionalismo y el hedonismo-, decidieron crear y publicitar la alimentación apropiada para un estilo de vida que se presentía aéreo y veloz. De esta forma este nuevo movimiento se ocupa de perseguir una alimentación no sólo imaginativa y original sino, también, una alimentación que haga a los hombres fuertes, ligeros y de ‘abdómenes planos’, para favorecer sus capacidades intelectuales, artísticas y bélicas.

Pues se trataba de la difícil tarea de rehacer al hombre italiano, ‘ya que ¿de qué sirve hacerle levantar el brazo en el saludo romano (y convertirlo en fascista por los italianos y alemanes en esos convulsos años) si puede posarlo sin esfuerzo sobre su grueso vientre?’.

Esto se tradujo en un manifiesto lleno de inventiva y fantasía, que lejos de imaginar un horizonte irreal preconiza el futuro de la gastronomía, abalanzándose a la Nouvelle Cuisine y a la Cocina de Vanguardia actual, como si de un salto en el tiempo se tratara.

Los fundadores de este movimiento abrieron en Turín el primer restaurante experimental futurista, al que llamaron Taberna del Santoplato. Fue decorado por el arquitecto Nicolaj Diulgherov. El elemento protagonista fue ‘el material hijo del siglo’: el aluminio ¿recordáis la lucha contra el peso y en pro la velocidad?. En este restaurante se pusieron en práctica los preceptos del manifiesto. Su propuesta gastronómica tenía como objetivo:

‘Matar a los viejos hábitos establecidos del paladar, a fin de preparar a los hombres para los futuros alimentos químicos y tal vez para la no lejana posibilidad de realizar, por medio de la radio, una difusión de ondas nutritivas’.

Y es que las elaboraciones futuristas de este restaurante pertenecen a una etapa preparatoria, necesaria mientras evolucionaba hacia una alimentación basada en los principios de la química y de la física.

Esto es, una llamada a la ciencia en la consecución de instrumentos científicos al servicio de la cocina como: ozonizadores (que dan a los líquidos el sabor y el perfume del ozono); lámparas ultravioletas (para irradiar sustancias y adquirir propiedades activas); electrolizadores (para descomponer jugos y extractos); molinos coloidales (para la pulverización de harinas, frutos secos, especias, etc); aparejos de destilación a presión ordinaria y al vacío; dispositivos para medir la alcalinidad o la acidez de cada salsa, etc. En definitiva, binomio cocina- ciencia adjudicado, erróneamente, al sXXI.

En este momento de transición, en esta etapa preparatoria, se alcanza a entrever la nueva cocina, ya hecha arte y que se proclama como lenguaje creativo a la altura de la música, la literatura, o la arquitectura. La conjunción de ingredientes y sabores está a la altura de la metáfora literaria, tropo o imagen visual. La suma de significados persigue un contenido difícil de alcanzar a través del lenguaje humano habitual.

Se crean los preceptos de la cocina sensorial, tan parecida a la cocina de vanguardia actual, en la que prima la originalidad de las viandas, y el nombre de las mismas en recetas, tales como:

Palabras en libertad
Tres dátiles de mar, una medialuna de sandía roja, un bosquecillo de ensalada de achicoria, un pequeño cubo de queso parmesano, una pequeña esfera de queso gorgonzola, ocho pelotillas de caviar, dos higos, cinco bollitos de almendras: todos dispuestos ordenadamente sobre un gran lecho de mozzarella, a comerse con los ojos cerrados, aferrando aquí y allá con las manos mientras el pintor Depero declama su célebre canción ‘Jacobson’.

Fresamama
Un plato rosado, con dos mamas femeninas eréctiles hechas de requesón rosado al Campari y pezones de fresa confitada. Otras fresas frescas se ocultan bajo la cobertura de requesón para morder una ideal multiplicación de mamas imaginarias.

Ecuador + Polo Norte
Un mar ecuatorial de yemas de huevo en su cáscara con pimienta, sal y limón.
Del centro emerge un cono de clara de huevo batida solidificada, lleno de gajos de naranja como jugosas secciones de sol. La cima del cono está tachonada de trozos de trufa negra cortados en forma de aeroplanos negros lanzados a la conquista del cénit.

Se despliegan, pués, métaforas y paisajes comestibles tal cual encontramos en el Deshielo de Albert Adrià, en El Bosque Animado de Quique Dacosta y El pez de río que soñaba con el mar de Francis Paniego, a modo de ejemplo.

El entorno gastronómico (restaurante, mesa, plato) deviene espacio a explotar en su totalidad para mejorar la emoción, sensación e intención comunicativa del alimento con el comensal haciéndose uso de los perfúmenes, antes de cada vianda para estimular los sentidos, la música y la poesía como ingredientes para encender con su intensidad sensual. Imposible no pensar en la corriente hiper actual de Gastromapping donde encontramos creaciones como El Somni, de los hermanos Roca.

De la mano de Paco Roncero llega Sublimotion, la experiencia gastronómica del Hard Rock Café de Ibiza cuyo chef ha creado en exclusiva: una vivencia única para 12 comensales que comparten una mesa durante las tres horas que dura el show.

La cocina debía regularse y debía de crear una armonía entre el paladar del ser humano y la vida; de entonces y del futuro. La vajilla debía buscar la armonía original de la mesa y estar acorde con los sabores y colores de las viandas.

Los bocados debían contener muchos sabores en pocos instantes, y en un menú se debían degustar varios de ellos:

‘La creación de bocados simultáneos y cambiantes que contengan diez, veinte sabores degustables en pocos instantes. Estos bocados tendrán en la cocina futurista una función (…) análoga a la que las imágenes tienen en la literatura. Un determinado bocado podrá asumir una entera etapa de la vida, el desenvolverse de una pasión amorosa o un largo viaje al Extremo Oriente’.

A su vez, los futuristas abogaban por la desaparición de cuchillos y tenedores. Se acercaban, de manera vertiginosa, al menú degustación de bocados pequeños de varios tiempos y al finger food de la Alta Cocina de Vanguardia actual. No podemos dejar de pensar en propuestas como:

Y es que según este polémico poético y belicoso movimiento artístico, el Futurismo, ‘se piensa, se sueña y se obra según aquéllo que se bebe y se come’.

Quedémonos con la invención, la fantasía, la imagen visual y el arte. Quedémonos con la preocupación sana por la alimentación y huyamos de fascismos, dictaduras políticas, pero también de las dictaduras sociales y estéticas construidas sobre modelos esculturales romanos, no hay una sola imagen de un nuevo hombre, una nueva mujer… Hay multiplicidad de ellas…

¡Salud! En la mesa y en la vida.

Stay updated,
sign up to our newsletter
Food to meet you.
Los lugares, productos y actividades más saludables
y originales seleccionados para ti.

Descubre toda nuestra selección...

News to feed you.
Únete a lo saludable.
Close
Buscamos piezas únicas para ti.
Suscríbete y serás el primero en descubrirlas.
Close