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Contemporary healthy magazine

¿Sabíais que el 2016 fue el año del Buddha Bowl? Muchos blogs dedicados a la alimentación o la cocina saludable así parece que lo declaraban a mediados de año: el último hit de las tendencias green & healthy & beyond, pocos fueron los que no propusieron varias opciones para prepararlo nosotros mismos. Lo primero que necesitas es un bol bien grande, luego…

Aunque a veces el exceso de información puede tergiversar el significado de ciertas cosas valiosas, sembrando la confusión cultural y el desatino… Dado que el exceso es uno de los principios de nuestras costumbres alimenticias contemporáneas, nada cuesta confundir una alimentación basada en principios religiosos con la superabundancia de otra gastronomía —la occidental—, y poco cuesta suponer que es cool y práctico agregar a un sólo plato cualquier tipo de producto que se pueda consumir: verduras, frutos secos, semillas, granos, legumbres, frutas, carnes, lácteos, huevos, pescado…

A esta obsesión del hay que comer de todo se acabó sumando la del Buddha Bowl con el delirio de algunos por aunar en un sólo plato todos lo saludable de los alimentos, a little bit of everything… los carbohidratos, proteínas, grasas, fibra, vitaminas y minerales que dictan las tablas oficiales. Propuesta que se justificó en la falta de tiempo de nuestro modo de vida estresante, y que acabó convirtiéndose en una más de las fiebres blogueras del 2016.

Pero ¿cómo se relaciona este contemporáneo Buddha Bowl con el verdadero Bol de Buddha?

Los cinco —a veces sólo tres— cuencos que se utilizan en estas ritualizadas comidas están hechos generalmente de madera lacada. Cuando no se usan, se pueden guardar uno dentro del otro, al estilo de las muñecas rusas, y al acabar de comer se envuelven en un paño junto con los utensilios necesarios para llevarse el alimento a la boca y limpiar los cuencos. El cuenco más grande, llamado a veces el Buddha Bowl o zuhatsu, simboliza la cabeza de Buda y su sabiduría y no se utiliza para poner en su interior a little bit of everything, sino un sencillo arroz integral, quizá con algún trozo de verdura, hervido durante bastante tiempo según la sabiduría de la cocina tradicional. Los otros cuencos son progresivamente más pequeños y están destinados a diferentes tipos de alimentos con diferentes tipos de elaboración.

A este conjunto de cuencos anidados y otros utensilios para el uso personal de los monjes budistas se le llama Ōryōki, o patra en sánscrito. Ōryōki significa: el cuenco que contiene sólo la justa medida. Pero Ōryōki también hace referencia a una forma meditativa de comer usando estos utensilios que se originó en Japón y hace hincapié en la práctica de la conciencia plena respetando una estricta etiqueta. Los maestros Zen dicen que tomar comidas con Ōryōki cultiva la gratitud, la concentración y la mejor comprensión de sí mismo, para así poder comer un alimento entendiendo la igualdad de todo lo que es a través de la igualdad de formas y de todo lo que es y está.

Los participantes se sientan en una postura de meditación y esperan, ofreciendo sus cuencos vacíos a los servidores que traen la comida y que, con una serie de gestos con las manos (el Ōryōki se practica en silencio), llenan los cuencos al nivel requerido. La ecología del Ōryōki es completa: no hay desperdicio. Se insta a los participantes a tomar la cantidad justa de comida, y al final de las comidas no debe quedar ni una miga. El agua que se utiliza para lavar cada cuenco ya apenas manchado, se bebe parcialmente y el resto se recoge en un recipiente común y se distribuye en el jardín para regar las plantas. Cada movimiento de Ōryōki es compacto, sutil y diseñado para desplegarse en armonía, exigiendo una meticulosa conciencia de lo que está sucediendo en el momento.

Si hay algo que podríamos aprender de esta interesante sabiduría budista no es precisamente atiborrar un cuenco cualquiera con todo lo que pillamos rápidamente en el súper mercado (por muy saludable que sea), sino que sentir gratitud y compasión por los productos que utilizamos al comer y cocinar, tomar conciencia de la verdadera importancia que tiene la alimentación para nuestros cuerpos y el desgaste que ejercemos sobre la naturaleza, así como ser también conscientes del esfuerzo natural y humano que fue preciso para que el alimento llegase a nuestra boca.

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