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Contemporary healthy magazine

En el momento presente no soy vegano, ni pretendo serlo, aunque si observo mi dieta desde la globalidad, ésta se ha ido vegetalizando desde hace 10-13 años (desde los 30) hasta llegar a ser mayoritariamente vegetariana con algunas ingestas de proteína animal (lo que se dice un Flexitariano relajado, vaya).

Por tanto y aunque no lo sea, comparto de convicción (y también de experiencia) con mis amigos veganos la premisa de que una dieta con más presencia vegetal contribuye a una mejora en mi calidad de vida; y no sólo eso, ya que además de controlar la ingesta de grasas saturadas (Siiii… ya sé que no son tan malas, sobretodo si cuidamos su procedencia), contribuyo a hacer mi entorno más sostenible (la crianza extensiva/intensiva de animales representa un problema medioambiental a escala global) y por supuesto eliminando animales de mi dieta (o reduciendo su consumo y controlando su procedencia), mejoro la calidad de su vida, reduciendo el sufrimiento animal innecesario.

Pero no os creáis que lo digo solo yo, si miramos por la red multitud de asociaciones y organizaciones refuerzan esta idea y vinculan una dieta vegetariana con la prevención de enfermedades cardiovasculares o el cáncer (dos de los jinetes del Apocalipsis actual).

Algunos ejemplos:
· La Academia de Nutrición y Dietética Americana (Academy of Nutrition and Dietetics)
· La Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas
· La Asociación Medica Británica (The British Medical Association)
· La Asociación de Dietistas de Canadá (The Canadian Dietetic Association)
· La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatric)
· Las Revistas Americanas de Nutrición Clínica (American Journal of Clinical Nutrition)
· La Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association)

De hecho, muchos de nuestros hábitos alimentarios nos pueden parecer a priori leyes naturales, pero no son más que hábitos que funcionan a modo de barreras culturales y que podemos cambiar si nos lo proponemos (y es que aún en muchos sitios el sándwich vegetal ¡lleva atún!).

Si estáis interesados pero se os hace una montaña quizás podáis empezar por probar en casa una dieta vegana 1 día por semana y así comprobar que no es tan difícil, además de ver cómo os sentís; la idea es que encontréis vuestra propia manera de intentarlo y experimentarlo. En muchas escuelas se empieza a introducir con bastante éxito, pero antes de nada, mi consejo es que seamos simples y no busquemos la sofisticación en nuestros primeros intentos; combinar un cereal, unas verduras y una legumbre no es tan difícil y ya estamos consiguiendo nuestro objetivo.

Desde el punto de vista de la cocina quizás descubráis que en muchas ocasiones ya os gustan platos que tienen la etiqueta de veganos y que veganizar platos que no lo son puede ser un reto a la vez divertido y sorprendentemente fácil. Sobretodo no olvidéis que aunque sea vegetal hay que cocinar sabroso (que muchos todavía asocian verdura con penitencia).

Los lácteos pueden parecer irreemplazables, pero hay alternativas riquísimas!

La leche tiene muchas alternativas en las bebidas vegetales de avena, arroz, chufa, almendras y ¡multitud más!, que podemos encontrar en nuestra tienda o quizás decidamos hacerla nosotros mismos y es especialmente importante en este último caso tratar de manera adecuada los cereales o semillas que vamos a utilizar, activando o lavando cuando sea necesario. Como norma general podemos decir que los cereales mejor activarlos 12 horas y el agua que pongamos ha de estar a caliente (80ºC); para los copos de los mismos cereales el tiempo de remojo se reduce y el agua puede estar tibia; para los frutos secos como almendras es importante activarlos y el agua mejor a temperatura ambiente.

La crema de leche vegana ya está disponible en multitud de establecimientos veganos, aunque no hay nada como hacérsela uno mismo. ¡Es facilísimo! solamente hay que dejar en remojo unas horas un fruto seco (por ejemplo anacardos) y luego enjuagar y triturar con agua y una pizca de sal hasta encontrar la textura que nos guste.

La mantequilla (que es una emulsión entre una parte acuosa y otra grasa) la podemos sustituir por multitud de cremas de frutos secos, como por ejemplo de sésamo (tahín), almendra, avellana, cacahuete (que de hecho la llamamos mantequila de cacahuete).
Si nos decidimos a hacerla nosotros mismos, mejor activar nuestros frutos secos o semillas para aumentar su digestibilidad. Está riquísima sobre una tostada o dándole el toque final a cremas, salsas , etc… Y para hacer un sofrito la podemos sustituir por un aceite vegetal de calidad.

Los fermentados como yogurt y queso pueden partir de frutas, cereales y semillas enteras o partir de leches vegetales (nos aseguramos que el porcentaje sea el correcto). Para fermentarlos usamos probióticos que podemos comprar en una dietética o farmacia o podemos hacer una bebida tipo rejuvelac.
Uno de mis yogures favoritos es el de coco y en una versión uso leche de coco, agar-agar y los probióticos; mientras en la otra uso un coco auténtico que abro, trituro y siembro con los probióticos.

¿Y el huevo? pues depende de para qué lo queramos (es decir, la función que haga en nuestra receta). En recetas con 1 huevo podemos recurrir a una compota de manzana, de calabaza, boniato o tofu (calculamos 3 cucharadas soperas de éstos por huevo), también es posible usar ½ plátano maduro por cada huevo.
¡Ah! Si lo que queremos es hacer una tortilla de patatas la mezcla de harina de garbanzos y agua nos da un resultado fabuloso en combinación con limón y calabacín.
Pero si en tus recetas hay más de 1 huevo tienes que suplir varias funciones dentro de esa receta y asimismo puedes sustituir una parte por la manzana, el boniato, etc., para reemplazar la untuosidad que proporciona el huevo. Además tendremos que usar lo que se llama el huevo vegano (1 cs de lino por 3 cs de agua tibia para crear estructura). En este caso nos interesa principalmente el mucílago que genera el lino, así que podemos recurrir a triturarlo o incluso pasarlo por un colador y desestimar las semillas (las podemos usar junto a algunas verduras para hacer una cracker).

Y claro, si nos chiflan los flanes, puddings, natillas y demás, podemos usar gelificantes como el agar-agar, cambiando la proporción de alga con relación al líquido de la receta podemos variar la textura. En casa me hago unos flanes veganos de pera y almendras que ¡están de rechupete!

Y por último sólo comentar que si os da un poco de pereza empezar en casa, cada vez hay más locales con una oferta que contempla opciones veganas. Si buscáis por internet en 10-15 minutos podéis conseguir una primera fuente de datos que con el tiempo iréis ampliando y además, una vez allí ¡podéis coger ideas!

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