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La búsqueda de la longevidad no es nueva y así lo demuestra el tratado de medicina egipcio conocido como Papiro Edwin Smith, que según los egiptólogos puede contener escritos de hasta 6000 años de antigüedad —desde el momento en que se construyeron las grandes pirámides— y cuyo material ha resultado ser relevante científicamente. Es en este tratado donde por primera vez se registra el deseo rejuvenecedor del ser humano en un capítulo titulado ‘Transformar a un anciano en un joven’. Esta sección del papiro es un largo y complicado conjunto de instrucciones para hacer lo que investigaciones recientes han demostrado se trata de una crema de almendras amargas salvajes.

Es uno de los tratados más antiguos de cirugía en el mundo entero, y contiene algunas de los primeros registros con especificaciones anatómicas y patológicas, además de la primera referencia escrita sobre el cerebro. Cuando el cirujano plástico contemporáneo Jacobs Stanley lo leyó por primera vez se quedó impresionado de su validez e incluso contemporaneidad.

Descubrió que la mayoría de los casos descritos en el texto se referían a descripciones de tratamientos médicos que consistían en rehabilitaciones después de una lesión traumática en el tabique nasal, el cuello y la médula espinal. Lo sorprendente era que esas técnicas eran válidas y aplicables en la actualidad a pesar que provenían de textos escritos hace milenios. Pero lo que realmente lo intrigó fue la receta en la parte posterior del papiro que llevaba por título ‘Transformar a un anciano en un joven’.

Esta sección del papiro consiste en un largo y complicado conjunto de instrucciones para hacer lo que es, esencialmente, una crema para la cara aparentemente eficaz para la eliminación de las arrugas. Jacobs, un médico que pasaba mucho tiempo pensando en la piel, la belleza y la edad, se dio cuenta de que si los textos del papiro eran tan serios y acertados científicamente acerca de sus tratamientos quirúrgicos, probablemente también eran serios acerca de esta crema anti-aging. La dermatología no era una rama separada de la medicina en el antiguo Egipto. Así que los médicos que sabían cómo elaborar un remedio para dolores de estómago también podían hacer uno contra los trastornos de la piel. Y así se decidió a reconstruirla a partir de la fórmula egipcia original.

Pero cuando examinó la receta, se encontró con un problema. El ingrediente clave era la fruta hemayet, y no tenía idea de lo que ésta podría ser. Este ingrediente clave debía ser sometido a una complicada serie de procedimientos manuales y químicos: descascarados, colados, hervidos en agua, secados, lavados, triturados y vueltos a hervir. Más que una receta, parecía ser un conjunto de instrucciones de química.

La primera traducción de hemayet que encontró lo identificó como fenogreco, pero esto carecía de sentido para Jacobs. El fenogreco es una planta rala y sus semillas pueden ser fácilmente cosechadas; no tenía sentido la necesidad de tanto preparativo. Lamentablemente nadie parecía saber qué otra planta o fruto podría ser. Jacobs consultó con diversos egiptólogos, preguntando si sabían lo que esta palabra podría significar, y ninguno lo sabía con certeza. Finalmente, ocho años después que la receta milenaria despertara su curiosidad, en 2005, se publicó una nueva traducción del papiro. Según esta nueva versión hemayet significaba almendra amarga.

A diferencia del fenogreco, las almendras debían ser oreadas y descascaradas, aplastadas y hervidas, para elaborar algún tipo de pasta. Además la receta decía que los frutos húmedos y secos de hemayet debían ser lavados hasta que desapareciera su sabor amargo. Consumir unas ocho o siete almendras amargas —más pequeñas, más oscuras y más planas que las almendras dulces— pueden matar a una persona ya que contienen grandes cantidades de cianuro de hidrógeno, razón por la cual en muchos países está prohibida su comercialización.

Jacobs, asistido por varios colegas químicos, consiguió y procesó las almendras amargas, tal como se explicaba en el papiro, y lograron que todo ese lavado disolviese los compuestos venenosos de las almendras. Tras desaparecer su sabor amargo comprobaron que el veneno también había desaparecido.

Después del procedimiento, uno de los compuestos producidos fue el ácido mandélico —del alemán Mandel, almendra. Este compuesto es un conocido extracto de almendras amargas utilizado por los dermatólogos, para el tratamiento del acné y otros problemas de la piel. Ahora sabemos que milenios antes que nuestros dermatólogos modernos, los egipcios separaron este fitoquímico de su semilla, pudiendo curar afecciones como acné, hiperpigmentación, arrugas, que puede hacer la piel más tersa y elástica gracias a sus propiedades humectantes y exfoliativas, es decir, que puede transformar la piel de un anciano en la piel de un joven

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