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El científico inglés Sir Francis Bacon fue uno de los primeros filósofos occidentales en abordar el tema del envejecimiento desde el punto de vista científico, y en 1623 publicó el tratado Historia de la vida y la muerte. Francis Bacon y otros observadores científicos del envejecimiento de su época asociaron la longevidad con una buena salud y buscaron formular las reglas que permitieran prevenir las consecuencias devastadoras para el cuerpo humano de la extrema vejez. Las preocupaciones de Bacon sobre la longevidad eran similares, en gran medida, a las del movimiento anti-aging contemporáneo: deseaba entender las causas del envejecimiento y cómo poder intervenir para retardar o incluso revertir su proceso. Así, podemos ver que muchas de las preocupaciones de la medicina contemporánea anti-aging provienen de los debates de períodos históricos anteriores y como tal representan la continuación de un deseo universal por alargar la vida. Aunque los motivos por los que a Bacon le intersaba prolongar la vida humana se basaban en su manera de entender la vida: él veía una vida más larga como una posibilidad para extender y mejorar los logros humanos en el campo de las Artes y las Ciencias.

Este interés de Bacon y los filósofos contemporáneos del siglo XVII podría parecernos extraño hasta que entendemos que las sociedades de esa época no tenían el gran porcentaje de personas mayores que caracteriza a la sociedad actual, las personas mayores todavía no eran parte del tejido de la sociedad. Así, la existencia de lo que se creía que eran personas muy viejas, como Thomas Parr, que murió en 1635 a la edad de 152 años (hay una placa que marca su lugar de entierro en la Abadía de Westminster), ofreció la tentadora esperanza a los fundadores de la ciencia contemporánea de que la longevidad pudiera convertirse en la experiencia de muchos y no en el privilegio de unos pocos. Parr no fue el único británico en su país que fue famoso por su longevidad: Henry Jenkins, de Yorkshire, murió en 1670 a la edad de 169 años y John Bayles murió en 1706 a los 130. Un médico local, James Keill, practicó una autopsia en Bayles y escribió un informe que fue publicado en las Transacciones Filosóficas de la Royal Society (Philosophical Transactions of the Royal Society) en el cual atribuyó su longevidad al robusto sistema cardio-pulmonar de Bayle.

En Great Wollaston, justo al lado de la carretera que lleva de Shrewsbury a Gales, se encuentra una pequeña cabaña de paja, lugar de nacimiento y hogar del inglés más longevo que jamás haya vivido según registros oficiales, Thomas Parr, que nació en 1483.

A lo largo de su vida, vio pasar a diez monarcas por el trono, desde el Plantagenet Edward IV, todos los Tudor y hasta el Stuart Charles I. Se unió al ejército a los 17 años, regresó cuando tenía 35 años para dirigir la granja familiar. Se casó por primera vez cuando tenía 80 años, tuvo un romance y un hijo ilegítimo cuando tenía 100 y se casó de nuevo con 122, año en que Rubens y Van Dyke pintaron su retrato, uno de los cuales se encuentra hoy día en el Museo Shrewsbury con la inscripción: ‘Thomas Parr murió a la edad de 152 años y 9 meses’.

Se cuenta que a los 130 años quedó ciego. El conde de Arundel lo llevó a Londres para reunirse con el rey Charles I, quien le preguntó cuál era el secreto de su larga vida. «Templanza moral y dieta vegetariana», respondió Carr. Desafortunadamente, tres meses después de llegar a Londres, Karr falleció. El rey ordenó realizarle una autopsia que reveló que, por desgracia, el mal aire de Londres había contaminado sus pulmones.

No es ningún secreto que los seres humanos viven más tiempo si sufren menos estrés físico y psicológico en sus estilos de vida individuales, si tienen acceso a una dieta nutritiva, hacen ejercicio, y llevan abrigo y ropa adecuada. En 1850, por ejemplo, en el Reino Unido, durante las cada vez mayores tensiones asociadas con las opresivas condiciones de trabajo de la Revolución Industrial, un trabajador británico, si tenía suerte, vivía hasta los 30 ó 40 años de edad. Desde la instauración del Estado de Bienestar en 1948, la esperanza de vida ha ido en aumento, aunque sólo comparada con la corta esperanza de vida de la que ‘disfrutaban’ los trabajadores de la primera era industrial.

Actualmente, si alguien tiene curiosidad por conocer su expectativa de vida y las enfermedades que pueda padecer años antes de que realmente se enferme, puede hacerlo. Para los curiosos (y pudientes) existe el test de Health Nucleus: en ocho horas y por US$ 25,000, gracias a las nuevos desarrollos tecnológicos y médicos y un análisis de pies a cabeza, por dentro y por fuera te vaticina tu futuro de salud. El examen físico incluye la secuenciación de todo el genoma, exploración de alta tecnología y diagnósticos tempranos. El objetivo es pintar un cuadro detallado de la salud de una persona y el riesgo de enfermedad, lo que seguro es de interés para poder modificar, si es necesario, el estilo de vida y las opciones médicas que te puedan mantener más sano durante más tiempo para alcanzar la anhelada longevidad.

La secuenciación del genoma puede de hecho determinar el riesgo genético para algunos tipos de cáncer y otras enfermedades; y los perfiles de microbioma —que analizan la composición de las bacterias en el intestino— pueden proporcionar pistas sobre la presencia de algunas enfermedades crónicas. Los cambios en el colesterol y el azúcar en la sangre también pueden señalar la enfermedad, aunque ese tipo de parámetros de sangre es rutinariamente comprobado por los médicos de atención primaria a la hora de realizar análisis de sangre.

Como en la mayoría de ocasiones, no todo lo que brilla es oro, aún, ya que su propio cofundador J. Craig Venter reconoce que aunque los costos pueden bajar, la batería de pruebas es demasiado costosa para ser realista para la mayoría. Y el hecho de que sea efectivo el hecho de que uno cambie su estilo de vida a raíz de estos análisis es también una pregunta abierta. Por ahora, mirar en la bola de cristal requiere más que bastante dinero y, al final, siempre hay que consolarse con la incertidumbre. Alrededor de 400 personas de entre 30 y 95 años de edad han realizado ya este examen físico hasta el momento, y la prueba ha identificado problemas médicos significativos en el 40% con pronósticos de posible cáncer, aneurismas y enfermedades cardíacas en varias personas sin síntomas.

Mientras tanto, en este presente perpetuo, provistos de sentido común, al parecer lo mejor es vivir, pasear con nuestros seres queridos y comer alimentos naturales nutritivos los justos y necesarios.

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