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Contemporary healthy magazine

En la búsqueda de la eterna juventud y la inmortalidad han habido algunos personajes que se han destacado por haber encontrado dietas que hacen la vida cotidiana más confortable, eliminando dolencias, malestares y enfermedades que con el paso de los años se hacen cada vez más evidentes, convirtiendo el transcurrir de la vida misma en un sufrimiento.

Uno de ellos es George Cheyne, nacido en Aberdeenshire, Escocia, en 1702, fue un médico pionero, adelantado del vegetarianismo, que sugirió que aquéllos que beben sólo agua desde una edad temprana podrían vivir hasta cien. Combinó el sentido común con la investigación científica practicando en él mismo sus propuestas.

Con el fin de tener éxito en la práctica médica, Cheyne trató de desarrollar una relación personal con sus pacientes visitando regularmente las tabernas locales donde éstos pasaban su tiempo. Se convirtió así en una figura popular de la vida social local. Pero la cantidad de comidas y bebidas que consumió durante años, como consecuencia de esta actividad, lo convirtieron en un hombre obeso y enfermo, igual que sus pacientes. Al comprobar su estado, como buen médico que era, decidió comenzar una dieta sin carne, tomando sólo agua y comiendo verduras. Así pronto recuperó su salud. Al notarse recuperado regresó a su dieta de siempre —aunque algo más moderada de la que consumía previamente—, pero volvió nuevamente a subir de peso y su salud se deterioró una vez más. Fue así que resolvió retomar su dieta vegetariana durante el resto de su vida, recomendándola a todos los que sufren de obesidad y malestares permanentes.

Propuso tres condiciones muy razonables para un estilo de vida óptimo: hacer ejercicio con el estómago vacío, cesar la actividad antes de cansarse y volver a una habitación caliente después de hacer ejercicio para evitar el rápido enfriamiento del cuerpo.

En su libro Essay on Health and Long Life (1724) (Ensayo sobre la salud y la larga vida) escribe: Caminar es el ejercicio más natural y eficaz. Los niños, de forma natural, adoran todo tipo de ejercicio, lo cual promueve su salud, aumenta su fuerza y enriquece sus órganos. Sin el debido ejercicio, los jugos corporales se espesan, las articulaciones se endurecen, los músculos se relajan y, con estos trastornos, arriba la vejez prematura.

Otro de estos profesionales de la salud fue Maximilian Oskar Bircher-Benner nació en 1867, en Aarau, Suiza. Este médico suizo defendió que el raw living food, que él denominó sunlight food (alimento de la luz solar), era la clave para prolongar la vida. Más tarde se hizo conocido como el creador del muesli que, por cierto, él mismo no combinaba con productos lácteos ni azúcares añadidos.

Las ideas de Bircher–Benner sobre la nutrición eran totalmente opuestas a las ideas de los nutricionistas y médicos de su época. Muchas de sus ideas fueron solamente respaldadas por observaciones empíricas y no por experimentos y análisis científicos. Debido a esto, Bircher–Benner fue criticado duramente, puesto a menudo en ridículo y raramente respetado como nutricionista. Su trabajo no fue reconocido por otros científicos hasta el descubrimiento de la presencia de vitaminas en las frutas y las verduras en la década de 1930.

Fundó un sanatorio en Zürich, al que llamó Fuerza Vital (bautizado irónicamente por Thomas Mann como ‘una cárcel de salud’), donde se servía una dieta equilibrada de verduras y frutas crudas. Utilizó este método como un medio para curar a los pacientes, contrariamente a las creencias científicas sostenidas a finales del siglo XIX. Bircher–Benner creía que los alimentos crudos eran más nutritivos porque contenían la energía directa del sol. Fue uno de los primeros científicos en Europa en creer que la comida era fundamental para mantener el cuerpo saludable, en lugar de simplemente satisfacer el hambre para sentir la barriga llena. Alentó a las personas de buena salud a comer aproximadamente el 50% de alimentos crudos sobre una base diaria, y para aquellos con mala salud a comer 100% de alimentos crudos.

Las hermanas de Bircher–Benner, Alice Bircher y Berta Brupbacher–Bircher, crearon muchas recetas usando alimentos crudos para hacer esta dieta crudivegana más atractiva. Debido a esta ayuda de sus hermanas, su sanatorio ganó enorme popularidad y amplió el tamaño de su clínica, cambiando los hábitos alimenticios de finales del siglo XIX. En lugar de mucha carne y pan blanco, postuló comer fruta, verduras y frutos secos y semillas. Su teoría de la vida se basó en la armonía entre la gente y la naturaleza, y fue producto de sus observaciones de la vida cotidiana de los pastores en los Alpes suizos que acostumbraban a llevar una vida sencilla, saludable y austera.

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