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Fue una mañana de verano en el Museo de Bellas Artes de Sevilla: iba buscando otras cosas, intentando encontrar otras miradas, cuando de pronto lo vi: San Hugo en el refectorio, de Zurbarán, en la pequeña sala. La majestuosidad de los monjes, el latido de sus gestos en ese baile sosegado, la presencia de la mesa llena de panes y el ajuar cerámico; como si el tiempo no hubiera pasado, reconocí ese tipo de pan en las panaderías de mi infancia. ¿Por qué el pan es uno de los alimentos más representados en la historia del arte?

Si echamos la vista atrás, tendríamos que remontarnos al Neolítico, hacia el 8000 a. C., cuando el ser humano se hace. Con su asentamiento, comienza la agricultura, siendo el trigo y la cebada unos de los primeros cereales que se cultivaron. Las primeras representaciones artísticas del pan nos acercan a la cultura egipcia y los enterramientos de los faraones: en la tumba de Ramsés III aparece la elaboración de algunos panes. En Grecia la diosa Deméter proporcionaba el grano a los hombres, quienes lo utilizaron de forma muy parecida a los egipcios, y en Roma, aunque comienza a elaborarse más tarde, sabemos de la existencia de numerosas panaderías en el siglo I a.C. Es muy conocida la imagen del pan encontrado en Pompeya, que se ha preservado quizás por la erupción del Vesubio, así como algunos mosaicos y pinturas sobre el proceso de elaboración. Representaciones que fueron reutilizadas en la Edad Media para iluminar los códices, así como algunas esculturas de esta época.

Esos son los inicios, pero todo lo relacionado con este alimento esencial, pues hemos alzado un mundo completo alrededor del pan: trigo o cebada, molino, harina, el viento, el agua, las grandes piedras de moler, pan…, nos ha llegado también a través del arte, en muchos casos de forma insinuada. No podemos obviar La santa cena de Leonardo o algunos bodegones barrocos en los que casi alcanzamos a tocar y oler la pieza de pan, tampoco el gran festín de Brueghel el Viejo en La boda campesina; pero quizás significa más para el proceso y la forma de trabajar esos molinos difuminados en el horizonte de algunos paisajes de Rembrandt hablándonos del alimento y alimentándonos de otro modo que comer, viendo.

¿Qué representa el pan en nuestras vidas que no hemos dejado de representarlo nunca? Quizás siempre ha sido considerado un alimento sagrado, la base de nuestra alimentación, el regalo de la madre tierra transformado por las manos del hombre, el lugar en el que se unen los elementos: el aire para la molienda, la tierra que produce el trigo, el agua para amasar y el fuego para cocer. El refranero popular lo avala pues suele decirse: ‘algo tendrá el vino cuando lo bendicen’, ¿y el pan? Pero, aunque el pan es lo mejor, ¿no da Circe a Odiseo un pan envenenado para que el héroe olvide su patria? El mismo Odiseo que, de regreso, después de comer dos trozos de pan, competirá con Iro por la posibilidad de sentare a la mesa con los pretendientes.

En el museo, entre el frescor de sus muros, pienso: sentada a la mesa está una niña en Niñas pobres, la pintura de Rafael Martínez Díaz, la acompañan otras tres, una de ellas llevando un mendrugo de pan en la mano para acompañar los pocos alimentos de la mesa: un plato de pescado y unas manzanas. Ellas nos miran desde su hambre insaciable de belleza.

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