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Contemporary healthy magazine

Ingredientes para 5 raciones

Para el arroz:
200 gr arroz de sushi
2 gr mirin
5 gr de vinagre de arroz
2 gr kombu en polvo
cs sal
cs pimienta
cs agua mineral

Para el picante de algas:
50 gr espageti de mar fresco o deshalado
15 gr cebolleta picada
1 gr pimienta
1 gr sal
1 gr de ajo blanqueado y picado
1 gr jengibre picado
5 gr sésamo negro
piel de ½ lima
3 gr de yang sauce o salsa de soja
5 gr de alguna pasta de chili o cualuqier picante que te guste

La manzana encurtida:
1 manzana verde
vinagre sin pasteurizar
zumo de lima

Elaboración:

Laminar las manzanas y dejarlas encurtir unos minutos en el vinagre y el zumo de lima.
Cocinar el arroz siguiendo el método tradicional. Extender y mojar con el mirin y el vinagre. Poner a punto de sal, kombu en polvo y pimienta. Reservar.

Para el picante de algas:
Mezclar todos los ingredientes y dejar fermentar (no en metal) 4 días en un lugar cálido con un peso encima y tapado con un trapo.

Servir el arroz templado, encima poner las algas fermentadas y cubrir todo con la manzana encurtida.

El nacimiento de la Lacto-fermentación

Nació para conservar las verduras.
Antiguamente (o no tanto), antes de la era global, la gente comía lo que le daba la tierra.
Ésta, guiada por las estaciones, proveía de diferentes vegetales a los agricultores en función de la temporada.
Las personas, debían encontrar métodos de preservación de ciertas verduras dado que iban a pasar varios meses hasta que volvieran a obtener nuevas cosechas.
Ahí comienza la lacto-fermentación como fenómeno social, en la necesidad.
Los agricultores, fermentaban las verduras sobrantes en salmuera (agua con sal) la cuál favorecía el establecimiento de las colonias de lactobacillus que vivían en las verduras.
Allí se desarrollaban y formaban simbiosis con los vegetales, los cuales bien almacenados, se convertían en infinitos.
A día de hoy esta parte de la fermentación ya no parece importar demasiado, siendo los repollos accesibles todo el año aunque haya que traerlos de la otra parte del mundo en avión (…) o podamos modificar genéticamente sus semillas para producirlo todo el año, cual clon en un laboratorio vegetal llamado invernadero.
Podemos decir, abiertamente, que no interesa que se fermente, pues no es una práctica que favorezca mucho a la sociedad de consumo tal y como está establecida:
Eliminamos las mermas, pues nunca la verdura se pone mala, con lo que compramos menos.
Los alimentos fermentados, siempre pueden estar fuera de la nevera y vivimos en una época en la que la industria energética, necesita que consumamos muchos, muchos, muchos KW para así poder justificar las facturas que nos llegan a casa todos los meses.
Reducimos el consumo en fármacos ya que al proveer a nuestro sistema de cultivos vivos, la salud mejora: si o si.
Y sobre todo, nos hacemos amigos y creamos una relación activa con las bacterias, por lo cual toda la propaganda y apología contra ellas queda reducida a una absurda manipulación con el único fin de vender sus productos químicos.
Una vez empiezas a fermentar, tu vida cambia, por dentro y por fuera. Pruébalo.
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